La publicidad es un reflejo de la cosmovisión de un grupo social y viceversa. A pesar de que en los años 30’s no existían estudios de mercado como tales, los publicistas utilizaban las situaciones sociales para vender. Ya fueran cigarros, medias, corbatas o comida, las herramientas para el mercadeo rondaban entre un par de temas que ahora resultan inaceptables en la sociedad.
Comencemos con el machismo. El hombre era el fuerte, la cabeza de la familia y casi omnipotente sobre todo entre 1920 y 1940. La publicidad ensalzaba el poder masculino y claramente mostraba la abnegación y casi esclavización de la mujer. Algunos anuncios son muy ofensivos, pero así vivían en esa época y no había nada extraño en ello.
La mujer era hecha para estar sólo con la familia, atendiendo a los hombres y entre la novedad de los refrigeradores y lavadoras. Otra buena cantidad de anuncios estaban relacionados con su papel de madres y los deberes del hogar en los que ellas siempre parecían felices. Ese era el sueño de toda mujer. Y si la mujer era productiva, el hombre se sentiría orgulloso.
Bibliografía:
La dinámica de
la comunicación masiva, dominick joseph r., editorial, mc
graw hill, octava edición.
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