Bienvenidos


¿Quiénes somos?

Somos una empresa dedicada al Monitoreo de Medios Masivos,
nosotros nos encargamos de monitorear publicidad, noticieros, prensa, radio, y televisión, analizando si el cliente así lo decide la información que se le transmitirá.

Contamos con monitoreo publicitario, noticioso, político, radiofónico, de frecuencia, simultáneos, y una amplia gama de servicios que pueden ser entregados en amplia gama de dispositivos de almacenamiento.


Para ver nuestros videos y mayor información, pueden seguirnos en:

Muestras de nuestros videos

Monitoréalo en Facebook

Canal de Youtube


lunes, 16 de abril de 2012

El cine estadounidense de los 20


Después del aprendizaje que muchos directores tuvieron a lo largo de los años diez, no debe resultar llamativo el hecho de que a lo largo de los años veinte dirigieran algunas de las películas más importantes, llamativas y sorprendentes de sus respectivas carreras y de la Historia del Cine.

Si Mack Sennett se había convertido en el máximo exponente del cine de destrucción (de sus manos salieron el famoso grupo de policías —los Keystone Cop-, la guerra de tartas, con una acción vertiginosa que dio lugar al estilo slapstick), sus discípulos Harold Lloyd y Charles Chaplin progresaron hacia un cine de mayor interés y efectividad, una línea que progresaría gracias a las aportaciones de Búster Keaton. El cine cómico y la comedia se entrelazan en las películas de estos actores-directores, situándolos en la cumbre el cine que alcanzaron no sólo por sus propios trabajos sino, también, por el éxito popular conseguido en todo el mundo.

Charles Chaplin hizo famoso su personaje de "Charlot" gracias a la caracterización que se convertiría con el tiempo en uno de los iconos más recordados. Si ya fueron importantes películas como El vagabundo (1915), El inmigrante (1917) y Armas al hombro (1918), desarrolló sus fundamentales argumentos temáticos —sobre la base de un tono tragicómico- en El chico (1921) y La quimera del oro (1925). 

Harold Lloyd, por su parte, también después de un dilatado aprendizaje alcanzó su mayor gloria con el desarrollo de "gags" y situaciones muy divertidas en películas como El estudiante novato (1925), El hombre mosca (1926) y Relámpago (1928). Buster Keaton se caracterizó por un rostro inexpresivo (lo que provocó que se le llamara "cara de palo") y el tener que enfrentarse estoicamente a un mundo que se rebelaba a cada instante ante lo que hiciese. Lo mejor de su trabajo se encuentra en La ley de la hospitalidad (1923), La siete ocasiones (1925), El maquinista de la General (1927), El cameraman (1928).

Además del cine cómico, la industria estadounidense abordó otros temas, dando origen a una serie de líneas de producción que se denominarían géneros. Desde el cine del Oeste (western), con singulares aportaciones de John Ford (El caballo de hierro, 1924; Tres hombres malos, 1926), hasta el cine de aventuras impulsado por Allan Dwan (Robin Hood, 1922; La máscara de hierro, 1929), se pasa por el cine bélico y social de King Vidor (El gran desfile, 1925; Y el mundo marcha, 1928)y William A. Wellman (Alas, 1927), y los melodramas de Frank Borzage (El séptimo cielo, 1927), entre otros muchos, además de las sorprendentes obras de terror interpretadas por Lon Chaney (El jorobado de Nuestra Señora, 1923, de Wallace Worsley; el fantasma de la ópera, 1925, de Rupert Julien), las de los galanes romanticos John Gilbert (Sota, caballo y rey, 1923, de John Ford; Su hora, 1924, de King Vidor), Ramón Novarro (Ben-Hur, 1925, de Fred Niblo ; El príncipe estudiante, 1927, de Ernst Lubitsch) y Rodolfo Valentino (Los cuatro jinetes del Apocalipsis, 1921, de Rex Ingram; Sangre y arena, 1922, de Fred Niblo; El águila negra, 1925, de Clarence Brown). Fueron unos años importantes para el star-system cinematográfico.

El cine estadounidense se benefició a lo largo de estos años de la presencia de numerosos directores y técnicos europeos que decidieron probar fortuna en su industria. Entre los emigrantes más reconocidos de esta época se encontraron los austríacos Erich von Stroheim, muy agudo a la hora de abordar temas sociales con ironía y realismo (Esposas frívolas, 1921; El carrusel de la vida, 1922; Avaricia, 1923), y Joseph von Sternberg, quien puso los cimientos de un género típico americano -el cine de gangsters (cine negro)- con la película La ley del hampa (1927). El alemán Ernst Lubitsch da sus primeros pasos hacia un cine mordaz e irónico que consolidará tras la implantación del cine sonoro. El sueco Victor Sjöström dejará su buen hacer en El viento (1928) y el francés Jacques Feyder aprovechará la presencia de Greta Garbo para rodar con la Metro Goldwyn Mayer El beso (1929).


Bibliografía: La dinámica de la comunicación masiva, Dominick Joseph R., Editorial, Mc Graw Hill, octava edición.

miércoles, 11 de abril de 2012

El cine europeo de los 20


Los movimientos artísticos que se proyectan en la Europa de los años veinte influyen de manera determinante en el cine. Desde diversas perspectivas y en casi todos los países, directores jóvenes y con grandes ideas teóricas y creativas, ofrecen un buen conjunto de películas que dejarán profunda huellas en las generaciones posteriores.


Los directores franceses asumen, además de sus películas, un compromiso teórico fundamental impulsando cine-clubs (Louis Delluc funda el primero en 1920), publicando algunos libros (Jean Epstein firma en 1921 "Buenos días, cine", en el que habla de las posibilidades creativas de la cámara y otros recursos expresivos) y desarrollando nuevas fórmulas narrativas que se anticipan en el tiempo al cine espectáculo (Abel Gance rueda Napoleón, 1927; película que ofrece diversas innovaciones técnicas, entre otras la pantalla múltiple, anticipo del sistema Cinerama). Son años dominados también por el futurismo (Fernand Léger o Many Ray) y el surrealismo de Germaine Dulac, Luis Buñuel y Salvador Dalí.


Los alemanes disponen de recursos importantes (propiciados por la productora UFA) y abordan películas de diversa consideración a partir de proyectos dirigidos por Ernst Lubitsch, Friedrich W. Murnau ( Nosferatu el vampiro, 1922; Fausto, 1926), Fritz Lang (Las tres luces, 1921; Metrópolis, 1926) y George W. Pabst (La calle sin alegría, 1925), a caballo del cine comercial, de gran espectáculo, y el más intimista, sustentado por el expresionismo y la puesta en escena impulsada por el Kammerspielfilm, y las aportaciones realistas y melodramáticas de la Nueva Objetividad.

El cine surgido de la revolución rusa (1917) dio paso a numerosas e importantes aportaciones teóricas que se concretaron en los trabajos de Dziga Vertov —sobre todo el "cine ojo": objetividad de la cámara-, de Lev Kulechov —en su laboratorio experimental desarrolló la teoría del montaje- y el grupo de la Fábrica del Actor Excéntrico (FEKS), dirigido por Gregori Kozintev, Leoni Trauberg y Sergei Yukevitch, totalmente opuestos a la objetividad de Vertov. No obstante, además de estos nombres, y desde los valores culturales que impulsaron su trayectoria artística, cabe mencionar al gran maestro soviético: Sergei M. Eisenstein, director que supo aprovechar y enriquecerse con las aportaciones de directores de todo el mundo para construir un cine de gran efectividad plástica e ideológica (La huelga, 1924; El acorazado Potemkin, 1925; Octubre, 1927). A su sombra se movieron con desigual fortuna Vsevolod Pudovkin y Aleksandr Dovjenko.


En otras cinematografías, las aportaciones individuales alcanzaron desigual fortuna. El cine italiano después el éxito conseguido con las grandes producciones históricas de la década anterior —un modelo denominado peplum entre los referentes cinematográficos- sólo logra un cierta representatividad gracias a la presencia en sus producciones de ciertas actrices como Francesca Bertini o Lyda Borelli. El drama nórdico se sostiene en las películas de los suecos Victor Sjöström (La carreta fantasma, 1920) y Mauritz Stiller (La expiación de Gösta Berling, 1923), directores que marcharán a trabajar a Hollywood durante esta década, y en la del danés Carl Theodor Dreyer, que firmará una de las películas más importantes de estos años: La pasión de Juana de Arco (1928). El cine español busca encontrar una cierta estabilidad industrial y aprovecha ciertos temas populares para consolidar su producción; La verbena de la Paloma (1920), de José Buchs, La casa de la Troya (1924), de A. Pérez Lugín y Manuel Noriega, y las películas de Benito Perojo y Florián Rey, entre otros.



Bibliografía: La dinámica de la comunicación masiva, Dominick Joseph R., Editorial, Mc Graw Hill, octava edición.

lunes, 9 de abril de 2012

Consolidación de un lenguaje


El desarrollo de la industria del cine ha propiciado la definición de un lenguaje específico que se encargaron de ir definiendo los directores que trabajaron en el tránsito del siglo XIX al XX. Sorprende que los pioneros no se limitaran a seguir con la simple "toma de vista" durante muchos años. Hubo quien se preocupó por dar a entender que la utilización de varios planos de distinto tamaño servía para enriquecer la historia y la acción de los personajes.

La evolución que se aprecia en los primeros años tiene que ver con las primeras imágenes impresionadas por los primeros operadores en todo el mundo. Un paso más lo dan los fotógrafos de Brighton a partir de 1900, fecha a partir de la que utilizan en sus películas diversos recursos (puntos de vista, panorámicas, sobreimpresiones, etc.) para organizar la historia. Simultáneamente, Méliès y Segundo de Chomón aplican técnicas —como el paso de manivela, que permitía el construir una historia fotograma a fotograma- para generar historias fantásticas y con efectos; es el momento del cine de trucos en el que se intenta sorprender al espectador haciendo aparecer y desaparecer personas y objetos. Esta fase la cierra Edwin S. Porter cuando en Salvamento en un incendio (1902) va más allá de la estructura lineal que plantea todo el mundo, intercalando situaciones que atraen de manera especial la atención del espectador —insertos-; es decir, intercala una serie de planos en los que destaca ciertos detalles del ambiente, de la acción de los personajes y con los que se pasa de un espacio a otro sin ningún tipo de explicación —el montaje paralelo-.

Quizás todas estas aportaciones y el hecho de cada vez más se apropiara el cine de textos literarios muy conocidos por los espectadores, condujeron a que el teórico italiano Riccioto Canudo escribiera en 1911 su "Manifiesto de las Siete Artes" en el que señalaba al cine como el Séptimo Arte, y en el que pedía que los empresarios del cine asumieran un mayor compromiso artístico con lo que hacían, para ir más allá de la industria y el comercio.

A partir de 1910, los europeos comienzan a producir películas más largas que sorprenden por su buena factura. Las adaptaciones de obras de Víctor Hugo y Emilie Zola sirvieron de garantía para diversas producciones francesas. Por su parte, los italianos consolidaron un modo de hacer que afectará a la industria cinematográfica de todo el mundo. Quo Vadis? (1913), de Enrico Guazzoni, superó las dos horas de proyección. Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone, se convirtió en uno de los grandes monumentos cinematográficos de la historia por su tratamiento de la historia, de los personajes, del espacio, de la iluminación, de la escenografía (estas producciones italianas dan un impulso a la construcción de decorados corpóreos). Fue el momento en el que se dio un paso importante: cambiar la cámara de lugar, buscar nuevos ángulos desde los que contar la historia al tiempo que se mantiene la continuidad de acción —en la que también han de ser funcionales los rótulos que se intercalan para recoger el diálogo de los actores-; es el momento en el que se construye una situación a partir del plano-contraplano.

El paso más relevante hacia la consolidación de un lenguaje específico lo ofreció el director estadounidense David W. Griffith, quien tuvo la capacidad de organizar todas las aportaciones habidas hasta mediados de la década de los años diez, y concretarlas en dos películas que han pasado a la Historia del cine como las más emblemáticas de la narración cinematográfica primitiva: El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916). A partir de estos años, directores como Cecil B. De Mille (Juana de Arco, 1916), Charles Chaplin (El inmigrante, 1917; Armas al hombro, 1918), Louis Feuillade (director de varios seriales) y otros muchos, van profundizando en el lenguaje cinematográfico, dando cuerpo a una gramática de recursos expresivos que el espectador asumirá y llegará a conocer con mucho detalle.


Bibliografía: La dinámica de la comunicación masiva, Dominick Joseph R., Editorial, Mc Graw Hill, octava edición.

miércoles, 4 de abril de 2012

Eadweard Muybridge


Exitoso fotógrafo ingles radicado en San Francisco, es el primero en registrar el movimiento de seres vivos, reproducirlo e incluso proyectarlo.

La aportación al cine que Muybridge realizó fue posible gracias a una apuesta.El millonario americano Leland Stanford (fundador de la universidad del mismo nombre) era aficionado criador de caballos, él tenía la teoría de que un caballo a galope en cierto momento tenía las cuatro patas al aire, cuando descubrió las investigaciones de Marey sobre reproducción de movimiento animal con medios mecánicos, vió en este trabajo la posibilidad de comprobar su teoría. Para ello contrató a Muybridge y le ofreció utilizar su caballo "Occidente" para la prueba.

El principal problema para realizar la serie de fotos fue la velocidad de obturación de la cámara, para solucionarlo Muybridge diseñó un sistema de cortinas de madera con



Elásticos que lograban elevar la velocidad de obturación a 1/2000 de segundo (en ese tiempo el obturador más rápido no superaba el ½ de seg.), con esto fotografió a "Occident" en un recorrido sobre una pista, desafortunadamente la imagen fue demasiado borrosa y no sirvió.

Entonces intentó alineando 12 cámaras sin tener nuevamente éxito. Por último diseñó disparadores electromagnéticos que se activaban al paso del caballo, esto hizo posible el registro de 12 imágenes durante el recorrido, para luego convertirse en 24 en una segunda toma. Estas fotos fueron proyectadas para la prensa de la época, causando gran revuelo. El mecanismo de proyección fue mediante un aparato basado en el fenakistoscopio y la linterna mágica.

Su trabajo es de gran importancia para el cine ya es la primera serie de fotografías que descompone el movimiento rápido.

Bibliografía: La dinámica de la comunicación masiva, Dominick Joseph R., Editorial, Mc Graw Hill, octava edición.

lunes, 2 de abril de 2012

De la fotografía al cine


     La invención de la fotografía puede atribuirse a dos razones:
1) La inquietud científica de obtener imágenes fijas por medio de una cámara oscura. Lograrlo significaba inmortalizar de alguna forma al ser humano y su entorno.
2) La reproducción de estas imágenes usando sustancias químicas sensibles a la luz. Esto pondría al alcance de las mayorías la fascinante posibilidad de persistir eternamente.

La fotografía es un sistema de reproducción de imágenes que, de forma fiel, atrapa un testimonio de la realidad. La cámara oscura, la invención del material fotosensible, el daguerrotipo, el papel fotográfico y decenas de estudios y experimentos tuvieron que suceder para que el proceso fotográfico fuera perfeccionado. Cuando esto sucedió, inventores y científicos tuvieron la ambición de darle movimiento a las imágenes.

Basándose en el mecanismo de la cámara fotográfica, se concibió un aparato que tomara fotos a mayor velocidad. En esta etapa de la invención del cine, el objetivo principal era apoyar con imágenes algunas investigaciones sobre motricidad, principalmente realizadas por un científico llamado Eadweard Muybridge.

No es posible atribuir la creación de esta cámara a una sola persona, y aunque las historias de inventos están llenas de nombres, lugares, fechas y antecedentes contradictorios entre sí, es importante establecer que la combinación y perfeccionamiento de algunos aparatos hicieron posible el descubrimiento del cine: la linterna mágica de Athanasius Kirscher, el teatro óptico y el praxinoscopio de Emile Reynaud, el taumátropo de John Ayton Paris, el fenaquistiscopio de Joseph Plateau, el zoótropo de Horner y el kinetoscopio de T. A. Edison que, modificado, culminaría en el cinematógrafo de los Lumière (primer aparato considerado propiamente como cine).

La cámara para cine, en principio, tiene la misma función que una cámara fotográfica: tomar fotos fijas; la diferencia es la cantidad de fotos que se necesitan para hacer cine (en principio fueron 16 y ahora 24 por cada segundo de proyección). Un momento importante fue la creación de la película de 35 milímetros (por T. A. Edison). William Dickson --ayudante de Edison-- inventó entonces el engranaje de la cámara, y dentro de ella corren de 122 a 305 metros de película que se enrollan después de utilizados. Este engranaje es el mismo que se usa en nuestros días.


Bibliografía: La dinámica de la comunicación masiva, Dominick Joseph R., Editorial, Mc Graw Hill, octava edición.